LA siega

  • Dimensiones 280x180cm.

  • Técnica: Acrílico sobre lienzo en tabla de madera.

  • Estilo: Neocostumbrismo.

DESCRIPCIÓN

Esta obra representa el trabajo de la siega de primeros y mediados de siglo XX en la vega de Tarancón.

De estilo neocostumbrismo, se han utilizados colores cálidos para representar el amanecer y los calurosos meses de verano.

Como en el cuadro de Las Lavanderas, varios personajes miran fijamente al frente, creando una sensación de unión y relación entre el cuadro y el observador del mismo.

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UBICACIÓN

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la siega

Hombre o mujer, viejo o mozo, la siembra marcaba en el calendario esos días donde la espiga tornaba de un verde hierva un amarillo pálido.

Cuadrillas de familias, daban comienzo al trabajo alrededor de las cinco de la mañana. A esa hora los segadores marchaban con buen paso hacia los campos de la vega, y ya con la primera claridad del día comenzaba la ardua tarea de mover la hoz y cortar el tallo de la espiga, blando y suave por el relente. 

Hombres, mujeres y adolescentes trabajaban al unísono, los mayores llevando hasta tres surcos y los jóvenes uno o dos, según sus capacidades. Con una mano se cogía la mies, protegida por la “zoqueta”, mientras que la otra empuñaba firmemente la hoz e iba realizando el corte de las espigas.

Era típico en estas jornadas de siega interpretar canciones o coplillas populares, algunas de ellas nos han llegado hasta nuestros días;

“Mocita si tú quisieras, 

hiciéramos el camino

con una rosa en la mano

con una espiga de trigo”

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cuesta de la bolita

Denomínanos así a la calle que deja en su parte más alta a la Parroquia de Ntra. Sra. De la Asunción y en su parte más baja la conocida con zona de la vega, o hondo de la vega. 

Esta calle no siempre se denominó “de la bolita”, anteriormente denominada Cuevas del camino Real, y es que justamente esta calle era parte del camino real que unía Cuenca con Toledo.

Debido al terreno arenisco y calizo de esta pequeña ladera las gentes más humildes de la población construían sus casas cueva ante la imposibilidad de obtener los materiales para la realización de muros de mampostería o similar.

Estas gentes humildes dedicaban su tiempo a la recolecta de los productos del campo, al servicio de otras casas, o intentando ganarse el pan para poder sobrevivir.

Luis Rius Zunón, dedica varios poemas y coplas a estas gentes humildes que siempre le llamaron la atención, “Riánsares, de cueva baja, guapa, casada y con hijos, tú te afanas en el pueblo y en el campo tu marido.”

La tradición nos habla de las cuadrillas de labradores que tras sus largas jornadas en el campo volvían a la población sedientos, y siempre en la primera casa de este camino real, “anca la Bolita” había un botijo en la puerta con el poder refrescarse y poder subir la propiciada cuesta hasta su casa, quizás de este buen hacer de esta señora se dispuso el nombre de esta calle.

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la vega - tetas de diana

A las faldas de sistema ibérico central, concretamente en los valles que deja la Sierra de Altomira, encontramos la denominada “Vega de Tarancón”, este valle de diversos picos de inferior altura, como lo son el cerro de las solanillas, el cerro Pichón, o el cerro Mojón, encontramos esta extensión de terreno fértil, que es atravesado por el río Riansares en el lado más este y por el arroyo salado cerca del término de Belinchón.

Diversos fósiles marinos han sido descubiertos en estos primitivos mares cretácicos que inundaron gran parte del centro de la Península.

Pero la vega para Tarancón siempre ha tenido un lugar de labranza, donde podemos encontrar grandes extensiones de cultivo, sin apenas variación topográfica.

Siempre ha llamado la atención dos pequeñas formaciones monticulares, se trata de las denominadas “Tetas de Diana”, dos pequeños cerros casi simétricos, que en la cultura popular se atribuyen a los senos de la diosa de la caza “Diana”.

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